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Las montañas y los granos de arena de las citas amorosas

Publicada el 8/11/2011 por | Autor de AARP Blog Comments

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¿Se atraen verdaderamente los polos opuestos?

Esta era la pregunta sobre la que Segunda y yo reflexionamos mientras considerábamos volver a aceptar citas con pretendientes. Había un participante —llamémoslo el alemán “Sr. Pulcritud”— al que todavía debía llamar para arreglar una segunda cita. ¿Por qué la indecisión? Definitivamente se destacaba como un perfecto caballero y su recio parecido con Bruce Willis era, sin dudas, un gran atractivo. Además, como triatleta, encaraba la vida con la misma actitud aventurera a la que, tanto Segunda como yo, seguíamos aspirando en nuestra segunda juventud.

Mientras tomaba firmemente el teléfono, debatiendo todavía si debía llamarlo o no, me di cuenta del motivo de mi indecisión: salir con el Sr. Pulcritud significaba salir de mi “cascarón”. Soy una chica de ciudad; él es un muchacho de pueblo. Tengo una caniche a la que trato como si fuera mi segunda hija; él no tiene perros y es padre de tres muchachos. Generalmente, para mí, una buena cita implica tacos aguja, una galería de arte, ir al cine o de compras; él prefiere una caminata seguida de un chapuzón, seguido de alguna otra cosa que exija sudar más.

¿Debería empezar a comer barras de granola o escalar montañas para que podamos tener algo en común? ¿Estaba haciendo una montaña de un grano de arena?

Con cada tecla que pulsaba en el teléfono me preguntaba: “¿Vivir mi segunda juventud no se trataba de asumir nuevos desafíos y tomar más riesgos? ¿No debería dejar de lado mis tacos, calzarme botas para caminatas y salir de mi ‘cascarón’?”

Su teléfono comenzó a llamar. Manténgase atento para ver si contestó.

 -Gaby