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La independencia económica como raíz de la violencia de género

Publicada el 1/12/2013 por | Autor de AARP Blog Comments

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Como cada año en los últimos años, América Latina conmemora el 25 de noviembre el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, “que afecta a una de cada tres mujeres a lo largo de su vida”, según la ONU.

También como cada año por esa fecha, medios, gobiernos, organizaciones, activistas, ciudadanos y hasta víctimas de la violencia de género alzan sus voces y lanzan campañas de prevención, atención, solución y lucha en general…

Un 70% de las mujeres (una de cada tres) sufre violencia en su vida, según la ONU.

Un 70% de las mujeres (una de cada tres) sufre violencia en su vida, según la ONU.

No estoy en contra de que haya un día especial para esta conmemoración. Todo lo contrario,

aprovecho para acoger con beneplácito a quienes piden que se ponga fin a la violencia contra la mujer, que es en sí una violación de los derechos humanos.

Aplaudo a los dirigentes que están ayudando a promulgar leyes y a hacerlas cumplir. Destaco a quienes ayudan a cambiar mentalidades y rindo homenaje a todos los héroes en el mundo que ayudan a las víctimas de este “cáncer” a sanar y a convertirse en agentes de cambio.

Pero tengo que decir también que, como cada año, he vuelto a quedar con un sabor agridulce y que echo de menos un enfoque con mayor énfasis en las raíces económicas de la violencia de género.

Me refiero a mirar más a llá de los programas para la reducción del problema, que suelen centrarse en campañas mediáticas, trabajo psicológico y social, y medidas judiciales, para analizar la independencia económica de la mujer como un factor clave y determinante de la violencia en su contra.

Esta es la hipótesis: si un individuo depende más económicamente de otro, la aparición de situaciones de dominación, incluyendo la violencia física o psicológica es más probable. Es decir, no resulta descabellado pensar que si las mujeres, en general, tienen menos oportunidades de disponer de ingresos propios suficientes que los hombres, están a su merced.

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De hecho, las mujeres tienden a tener carreras laborales menos sólidas y peor remuneradas que los hombres en países donde el mercado no ofrece las mismas oportunidades a ambos sexos, y donde el estado no ayuda a corregir ese fallo.

La propuesta, entonces, es “empoderar” a las mujeres y lograr que tengan independencia económica, mejor educación y más oportunidades para crecer en el ámbito laboral. El hecho de que una mujer tenga la posibilidad de obtener sus propios ingresos le permite tener alternativas, y en caso de que haya una situación hostil en su contra pueda decir: “¡Me voy!”

Foto: AndreasReh/Istockphoto y video Youtube

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