La independencia económica como raí­z de la violencia de género

Como cada año en los últimos años, América Latina conmemora el 25 de noviembre el Dí­a Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, “que afecta a una de cada tres mujeres a lo largo de su vida”, según la ONU.

También como cada año por esa fecha, medios, gobiernos, organizaciones, activistas, ciudadanos y hasta ví­ctimas de la violencia de género alzan sus voces y lanzan campañas de prevención, atención, solución y lucha en general…

Un 70% de las mujeres (una de cada tres) sufre violencia en su vida, según la ONU.

Un 70% de las mujeres (una de cada tres) sufre violencia en su vida, según la ONU.

No estoy en contra de que haya un dí­a especial para esta conmemoración. Todo lo contrario,

aprovecho para acoger con beneplácito a quienes piden que se ponga fin a la violencia contra la mujer, que es en sí­ una violación de los derechos humanos.

Aplaudo a los dirigentes que están ayudando a promulgar leyes y a hacerlas cumplir. Destaco a quienes ayudan a cambiar mentalidades y rindo homenaje a todos los héroes en el mundo que ayudan a las ví­ctimas de este “cáncer” a sanar y a convertirse en agentes de cambio.

Pero tengo que decir también que, como cada año, he vuelto a quedar con un sabor agridulce y que echo de menos un enfoque con mayor énfasis en las raí­ces económicas de la violencia de género.

Me refiero a mirar más a llá de los programas para la reducción del problema, que suelen centrarse en campañas mediáticas, trabajo psicológico y social, y medidas judiciales, para analizar la independencia económica de la mujer como un factor clave y determinante de la violencia en su contra.

Esta es la hipótesis: si un individuo depende más económicamente de otro, la aparición de situaciones de dominación, incluyendo la violencia fí­sica o psicológica es más probable. Es decir, no resulta descabellado pensar que si las mujeres, en general, tienen menos oportunidades de disponer de ingresos propios suficientes que los hombres, están a su merced.

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De hecho, las mujeres tienden a tener carreras laborales menos sólidas y peor remuneradas que los hombres en paí­ses donde el mercado no ofrece las mismas oportunidades a ambos sexos, y donde el estado no ayuda a corregir ese fallo.

La propuesta, entonces, es “empoderar” a las mujeres y lograr que tengan independencia económica, mejor educación y más oportunidades para crecer en el ámbito laboral. El hecho de que una mujer tenga la posibilidad de obtener sus propios ingresos le permite tener alternativas, y en caso de que haya una situación hostil en su contra pueda decir: “¡Me voy!”

Foto: AndreasReh/Istockphoto y video Youtube

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