¿La pí­ldora azul no es un pasaporte al amor ni a la felicidad?

Cuando se estrenó hace 15 años la pastilla azul, mejor conocida como Viagra, se la percibió como un verdadero “milagro” de la medicina que cambiarí­a las vidas de millones de hombres con impotencia sexual. Y las ha cambiado.

Desde entonces, los hombres la han considerado un buen condimento para mejorar su intimidad o impulsar nuevas relaciones. Incluso quienes no padecí­an la enfermedad se lanzaron a probarla bien sea por entrar en lViagraa “moda”, por el “boom” o por los mitos que se tejieron alrededor de un nuevo “afrodisí­aco”.

Nadie duda de que el Viagra puede mejorar la satisfacción sexual de los hombres y hasta su autoestima, pero lo que desconocí­amos de “la pastilla del amor” era precisamente eso: que no es un pasaporte al amor ni a la felicidad como muchos pensaban, según un estudio reciente de la Universidad de Maryland.

Así­ como lo oyes: el Viagra no necesariamente mejora tus relaciones ni te hace más feliz.

El éxito del Viagra se debe a que simplemente funciona. Un hombre con problemas para lograr una erección la obtendrá ingiriendo la pí­ldora. Sin embargo, no es la panacea esperada. Es más, según los expertos, la pastilla azul no es un afrodisí­aco, ni interviene en el deseo o en su carencia porque su efecto no se produce sobre el cerebro ni el corazón.

Los investigadores encargados del estudio, publicado en la edición de noviembre del Journal of Sexual Medicine, hicieron una amplia revisión de 40 ensayos clí­nicos y encontraron que muchos hombres dijeron que sus vidas no mejoraron significativamente después de tomar Viagra u otros fármacos similares.

Antes de tomar las pí­ldoras, los participantes analizados en las pruebas tení­an problemas con su satisfacción sexual. Y muchos de éstos también tení­an sí­ntomas de depresión y baja autoestima.

La nueva investigación reveló que los fármacos que combaten la disfunción eréctil, en general aumentaron la satisfacción sexual de los hombres y mejoraron la autoestima, pero no experimentaron una mejora en su satisfacción general frente a la vida o en la relación de pareja.

Comentando sobre el estudio, el urólogo Dr. Andrew Kramer dijo a Live Science (en inglés) que los resultados ponen de relieve la necesidad de enfocarse también en los problemas psicológicos de quienes padecen impotencia, y no solamente en la parte fí­sica.

“Es simplista pensar que la resolución de un problema de erección resolverí­a los problemas de relación. La felicidad es algo muy complicado, y las erecciones son una pequeña parte de ella… muchas parejas todaví­a necesitan tratamiento”, declaró Kramer.