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Día de las Madres: muchas fechas, un solo amor

Publicada el 8/05/2014 por |Autor de AARP Blog Comments

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Por varios años, mi mamá, la profesora Elena Kohan de Lerner, estuvo confinada a un sanatorio para adultos mayores que ya no se pueden cuidar. Su vida se fue apagando allí entre corredores fríos, enfermeras de blanco y ancianos desolados que caminaban sin propósito, sin nadie que los visitara ni respetara ni recordara.

madre1Pero una vez al año, una sola vez, los corredores del claustro se poblaban, el parque de estacionamiento se llenaba y los dormitorios siempre austeros vestían colores y energía. Niños bien vestidos —los nietos— correteaban de aquí para allá y las caras de las señoras brillaban de orgullo, felicidad y gratitud.

Era el Día de las Madres.

Es cuando los hijos pasan un rato con mamá, le obsequian una tarjeta decorativa y claveles, o algo que hicieron para ella. Si pueden, la llevan a un restaurante o actos públicos, o un baile; o bien, le preparan un platillo especial: pozole, mole, tamales. Un pastel, una canción, unos aretes. Para ellas, la presencia alcanza. Y aunque en muchos casos lamentemos la comercialización de este día, o que se haya convertido en una excusa para la parranda y la borrachera, igual detenemos al mundo de su trajín diario y abrazamos a mamá.

Aquí, en Estados Unidos, lo instauró en 1914 el presidente Woodrow Wilson: el segundo domingo de mayo. Es la misma fecha en 80 países más, entre ellos Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Honduras, Ecuador, Perú, Puerto Rico, Uruguay y Venezuela, con base en raíces griegas y cristianas.

En otros países latinoamericanos la festividad se asocia más estrechamente con el catolicismo.

En Costa Rica es en el día de la Virgen de la Asunción, 15 de agosto; en Panamá es en el día de la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre. En la Argentina, inicialmente se festejaba el 11 de octubre, como Día de la Madre Católica, para cambiar, ya en el siglo XX, al tercer domingo de octubre, como un día universal.

En otros países tiene raíces nacionales. En Bolivia, es el 27 de mayo, en honor a la batalla de La Coronilla en 1812, cuando “cientos de mujeres, niños y ancianos” que luchaban por la independencia murieron a manos de los realistas. En Paraguay se señala el mismo día que el Día de la Patria o de la independencia, el 15 de mayo. En Nicaragua es el 30 de mayo, Día de la Madre Nicaragüense, instituido en 1940 por el dictador Anastasio Somoza en honor al natalicio de su suegra.

En cambio, en México se festeja el 10 de mayo —a instancias de un periodista, Rafael Alducin, en 1925— al igual que en Guatemala y El Salvador.

En toda Mesoamérica, la festividad tiene raíces en la celebración azteca a Tonantzin, la madre de los dioses.

A veces es el Día de la Madre, aquella que hay una sola. Otras, es el Día de las Madres, en plural, todas ellas.

Entonces, no existe una fecha universal. Pero el contenido es uno solo.

¿Qué celebramos?

A las madres del mundo, a la maternidad como institución primordial, al amor materno venerado como inviolable, a las madres de nuestra sociedad… a precursoras, pioneras, heroínas, santas…

Pero en nuestro corazón, en nuestro fuero interno, en nuestras memorias de hombres grandes que fuimos niños, en nuestra tradición de familias unidas por la gratitud, lo que festejamos es a nuestra propia madre, a Ella, la única, la especial, la que siempre ha estado ahí para nosotros.

A aquella cuya desaparición es devastadora a cualquiera edad y cuya falta —una cama vacía— dejará un vacío imposible de reemplazar.

Como mi mamá, la profesora, que falleció un día triste de julio y a quien recordaré una vez más, con tanta emoción, este mismo domingo.

Foto: Highkone Lascone / Flickr.

 

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