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Recordando a Celia Cruz, la hechicera de la rumba

Publicada el 22/05/2014 por |Autor de AARP Blog Comments

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Cuando la legendaria cantante cubana Celia Cruz abandonó este mundo el 16 de julio de 2003, sus admiradores la lloramos con pesar. Pero la reina de la salsa nos dejó un consuelo que reemplaza las lágrimas con alegría: su discografía es tan extensa que disfrutarla en su totalidad es una empresa que tomaría toda una vida.

Celia grabó discos de la misma manera que cantaba: con desenfreno y envidiable profesionalismo. Empezó su carrera con La Sonora Matancera, el grupo emblemático de la música popular cubana en la década del 50. Las miniaturas tropicales de esta orquesta, de tres minutos de duración, son ricas en melodías melancólicas y refinados solos de piano. Escuchen esta versión de Rareza del siglo para apreciar la magia de Celia en sus años jóvenes:

Cuando Celia se fue de Cuba en 1960 – sin saber que nunca podría regresar a su patria – encontró refugio en México y Nueva York, donde grabó una serie de excelentes discos. Con Tito Puente lanzaron ocho LPs que lamentablemente no conocieron en ese momento el éxito comercial.  Esta entrevista televisiva de 1993 los encuentra rememorando su amistad:

Son Con GuaguancoEn 1974, Celia se encontró en el lugar y el momento preciso para que su carrera tomara un giro espectacular. La explosión salsosa de Nueva York en los 70 necesitaba de una diva, y Celia adoptó el papel de emperatriz de la salsa con carisma avasallador. Con Johnny Pacheco como director musical, “la matancerización de la salsa” resucitó el sonido rústico y profundamente cubano de la Matancera, pero con la estética de la salsa urbana. Celia pasó a formar parte de la megaorquesta Fania All Stars y viajó al África con ellos, de donde proviene esta infartante versión de su gran éxito Químbara. Lo que sigue es un momento clave para la música latinoamericana:

A través de la disquera Fania y sus sellos subsidiarios, Celia pudo trabajar con los grandes talentos del género tropical: Willie Colón, La Sonora Ponceña, Larry Harlow y muchos otros. Uno de los momentos más felices de esta época llega en 1983, cuando Celia graba el LP Tremendo Trío junto al sonero puertorriqueño Adalberto Santiago y el percusionista Ray Barretto. Nadie se salva de la rumba es el punto culminante de este trabajo:

Celia continuó cosechando éxitos hasta el final de su vida, pese a que la calidad de sus grabaciones decayó notablemente. De cualquier manera, verla en concierto era siempre un privilegio. Durante los años 90, participó en el proyecto Combinación Perfecta del sello RMM, grabando un burbujeante dueto con su gran admirador, el venezolano Oscar D’León. Aquí están los dos, interpretando el tema en concierto:

Y Celia vive aún, eterna en el azúcar de su voz.

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