Hoy te propongo que seas compasivo

Jamás olvidaré la mañana en que me encontré con Tomás* a la salida del colegio. Hací­a tiempo que no lo veí­a y me dio gusto cruzarme con él, aunque reconozco que también noté que su fí­sico habí­a atravesado una dramática transformación. Habí­a perdido mucho cabello y su vientre estaba más prominente que en ocasiones anteriores. No habí­an pasado 5 minutos de nuestra conversación, cuando se nos acercó un caballero a saludar a Tomás. “Oye, ¡pero tú si estás gordo, mi …