Santana IV: 45 años después, una obra maestra

Cuando Carlos Santana disfrutó de un renacimiento comercial en 1999 con el disco Supernatural, este inesperado éxito generó sentimientos mixtos en sus admiradores más férreos. Por un lado, era justo que el guitarrista nacido en Jalisco volviera a ser protagonista de la música contemporánea. Por otro lado, los duetos con estrellas del pop y el sonido pasteurizado de algunos de los temas nuevos alejaban melancólicamente a Santana de la aguerrida fusión de rock con ritmos latinos que gestionó en el festival Woodstock, a fines de los 60.

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Pero Santana ha sido siempre una caja de sorpresas, ángel profético de su propio destino. Hace unos años, cuando Neal Schon —guitarrista original de LPs clásicos como Santana III (1971) y Caravanserai (1972)— le propuso a Carlos que trabajaran juntos nuevamente, éste sugirió un regreso al sonido y la banda original que causaron estragos en el rock de principios de los 70. Santana IV parece sugerir que el paso de las décadas es un fenómeno subjetivo. En las viejas épocas del vinilo, hubiera sido un disco doble, con sus 75 minutos de duración. Estos 16 temas suenan como si los 45 años que pasaron entre Santana III y Santana IV hubieran sido, simplemente, un suspiro.

A Schon y Santana se le unen el tecladista Gregg Rolie, el baterista Michael Shrieve y el conguero Michael Carabello, todos ellos de la formación original. El bajista David Brown falleció en el 2000, a los 50 años, y en su lugar aparece Benny Rietveld. Karl Perazzo, eximio maestro de ritmos afrocubanos y socio constante de Santana, complementa la sección de percusión. El cantante Ronald Isley, fundador de The Isley Brothers, aparece en dos sabrosas canciones.

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La virtud más impactante de Santana IV es la habilidad de este grupo —que compuso casi todas las canciones en conjunto, democráticamente— de elaborar su sonido original sin caer en la repetición. El principio de Sueños evoca el lánguido jazz atmosférico de un Gato Barbieri, pero con la inmediatez melódica de Carlos. Anywhere You Want To Go resucita los poliritmos con sabor a cha cha chá de Oye Como Va, con la guitarra lacerante de Santana enriqueciendo los contornos de la melodía. Su coro es irresistible. Y el blues de Forgiveness, el tema que cierra el disco, es épico y apropiadamente nostalgioso.

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La música mejora con la madurez, de esta realidad no queda duda posible. A los 68, Santana continúa explorando el territorio del rock clásico con una vitalidad que demuestra las cualidades eternas de la buena música. Enhorabuena.

 

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