Cómo reconocer las falsas terapias para la disfunción eréctil

Están en todas partes. En enormes carteles y vallas publicitarias urbanas, en periódicos y revistas, en la televisión y hasta en nuestro buzón de correo electrónico. Pretenden sacar provecho del sufrimiento o de las inseguridades de los hombres. Abordan un tema muy sensitivo, que afecta también por asociación a las mujeres, y ofrecen milagrosas soluciones.

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Son los anuncios para falsas terapias, medicamentos o suplementos alimentarios para remediar la disfunción eréctil.

No les voy a negar; como ya estamos entraditos en años, las conversaciones entre parejas amigas sobre la disfunción eréctil no son inusuales. Muchas veces lo hacen en forma de chiste o relajo, algunos caballeros compartiendo el miedo que les da el prospecto de verse ante esa situación algún día. Otros arrojando un poco de comedia a los problemas que han encontrado en la intimidad a medida que se van poniendo más viejitos. Pero no deja de ser un asunto serio. Sobre todo cuando en momentos de desesperación y falta de educación o cuidado médico, hay hombres que recurren a remedios falsos y, francamente, se hacen víctimas de las estafas.

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Que si remedios caseros, pociones mágicas, aparatos estimulantes, maquinarias eléctricas y de pilas, ingredientes supuestamente naturales, hay de todo en oferta en este mundo. Pero hay que tener cuidado.

Si el tratamiento no viene recomendado por un médico especialista de confianza, con el aval de la investigación científica y la aprobación de la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés) pues hay que desconfiar. Hace pocas semanas la FDA volvió publicar una larga lista de suplementos  (en inglés), mercadeados para la disfunción eréctil a la venta por internet y en anaqueles de farmacias que contenían ingredientes no declarados —como el sildenafil y el vardenafil— en peligrosas cantidades. Tanto el sildenafil como el vardenafil son ingredientes activos de medicamentos regulados como el Viagra o el Levitra, que deben ser usados bajo supervisión médica porque no están libres de provocar efectos secundarios o de interactuar peligrosamente con otros medicamentos. Además, que no son para el consumo de todos los pacientes.

Por regla general sospeche de todo producto que:

  • Sea publicitado como una terapia innovadora y hasta el momento desconocida.
  • Esté auspiciado por una entidad médica o profesional de la que exista poca información.
  • Se describa como completamente natural, pues no hay ingrediente de este tipo que haya sido demostrado como una cura para la disfunción eréctil.

 

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La disfunción eréctil es una condición médica, causada por una variedad de situaciones o padecimientos y por lo tanto debe ser tratada por un especialista. Quizás los hombres más susceptibles a los complejos le tengan miedo de compartir con un doctor su problema. Pero ante la vasta experiencia que puede tener un buen doctor o doctores —pues el tratamiento para la disfunción eréctil puede comprender varias especialidades, que van desde la urología hasta la cardiología, pasando por la endocrinología y la psiquiatría— no deben dejarse llevar por el miedo o la vergüenza.

No muerdan el anzuelo. ¡A cuidarse!

Aquí un video de la FDA, en inglés

 

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