Cuidado con el calor extremo

¿Qué les puedo decir? ¡Yo sí que he pasado calor este verano!

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Las temperaturas en Barcelona, y casi toda España donde me encuentro pasando la temporada con mi esposo e hijos, han sido extremas. Han llegado a sentirse 100 grados Fahrenheit o más, diría yo, considerando el factor de la humedad ambiental que se vive en esta ciudad mediterránea. La sensación de quemazón sobre la piel y el sudor abundante han sido francamente desagradables por momentos. Yo, que por lo general casi no sudo, he descubierto poros nuevos de mi cuerpo por los que he comenzado a sudar.

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Vivir así, en tan altas temperaturas me ha llevado a preocuparme bastante por mi familia de una forma particular. Me la paso repitiéndoles que se apliquen el protector solar de alta cobertura y que tomen agua para hidratarse bien porque lo peor en estas vacaciones sería sufrir un percance de salud por este sobrecalentamiento corporal.

Fíjense en las noticias recientes sobre la ola de calor que pasó por la India (en inglés), en la que murieron más de 2,300 personas. Y es que con el calor extremo, el cuerpo humano francamente entra en crisis, por lo que se hace vital tomar las medidas necesarias para protegerse.

El cuerpo por lo general cuenta con su propio sistema de enfriamiento regido por nuestro cerebro, que se activa cuando nuestra temperatura central sube. El sudor es una de las primeras respuestas a esta subida de temperatura pues ayuda a enfriar nuestro cuerpo. Pero cuando las condiciones del clima son extremas, el cuerpo sencillamente no da abasto y empiezan los problemas internos que van desde erupciones en la piel hasta calambres musculares, la deshidratación y el desequilibrio de líquidos corporales, hasta la sobrecarga de nuestro sistema cardiovascular y los conocidos golpes mortales de calor.

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Por esto, el Centro para el Control y Prevención de las Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) sugiere lo siguiente:

  • Permanecer en lugares con acondicionamiento de aire. Si no hay acondicionadores de aire en el hogar, ir a espacios públicos donde se pueda refrescar el cuerpo durante algunas horas del día como centros comerciales y bibliotecas.
  • Hay que tomar más agua de lo usual y no esperar a sentir sed para beber líquidos sin alcohol o de reemplazo de electrolitos para que nuestra sangre se mantenga bien balanceada tras sudar excesivamente y, consecuentemente, nuestros órganos.
  • De hacerse actividades al aire libre durante las mañanas o entradas las noches cuando las temperaturas suelen bajar un poco.
  • La ropa debe ser ligera y de colores claros que no absorban mucho calor. Y, claro, utilizar prendas de vestir protectoras como los sombreros y hasta sombrillas.
  • Y, por último, algo que me parece muy interesante. No se debe comer demasiado, pues el cuerpo hace un mayor esfuerzo para digerir la comida y se calienta más. Es mejor comer ligero.

 

Ya lo saben, el verano es temporada de disfrute, no de calamidades.

Del calor ¡a cuidarse!

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Foto de shironosov via istockphoto.com

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