Deportistas judíos compiten en el estadio donde Hitler los vetó

berlin
El remozado Estadio Olímpico de Berlín.

Casi 80 años después de que el regímen nazi de Adolfo Hitler prohibiera competir a los deportistas judíos y asesinara, después en los campos de exterminio, a cientos de esos atletas, sus nietos y bisnietos están mostrando sus cualidades atléticas en el centro de la capital alemana. En el mismo sitio en que los fascistas trataron de imponer al mundo "la imagen superior de la raza aria".

Más de 2.300 deportistas de 38 países, incluidos Argentina, México, España y Estados Unidos, compiten hasta el 5 de agosto en el Estadio Olímpico de Berlín, en los Juegos Macabeos del 2015.

Este es un hecho histórico para el deporte mundial, pues Hitler trató de utilizar ese estadio construido para los Juegos Olímpicos de 1936 como un emblema de la superioridad de los deportistas germanos. Los judíos habían sido vetados de competir, hacer cualquier tipo de deporte y de representar a Alemania no solo en las olimpíadas sino incluso en los Juegos Macabeos, creados en 1932.

Fotos: Dónde están tus deportistas favoritos

Desafiando a los nazis, la delegación de atletas judíos alemanes que viajó clandestinamente a Tel Aviv para competir en los primeros Juegos Macabeos en ese 1932, se negó a llevar la bandera de su país, que entonces era todavía la blanca, negra y roja, pues los nazis más tarde establecieron la bandera roja, blanca y negra con la cruz gamada en el centro como la enseña nacional alemana.

Por ironías del destino y pese a su prohibición a los judíos que consideraba seres inferiores, Hitler fue humillado en los Juegos Olímpicos de 1936 por un afroamericano, el velocista estadounidense Jesse Owens, quien ganó las medallas de oro en 100, 200, salto de longitud y el relevo 4x100 provocando la ira del Führer, quien se negó a estrechar su mano. Owens hizo saltar por los aires "la superioridad de la raza aria".

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Grandes deportistas judíos alemanes de los años 30, como el boxeador Erich Seelig, quien huyó a Cuba para evitar la muerte, y el futbolista Gottfried Fuchs, quien se escapó a Canadá, querían representar a su país de nacimiento y ganar una medalla para Alemania. Hitler se lo prohibió.

Otros deportistas de la época corrieron p eor suerte y terminaron confinados en un campo de concentración que acabaría con sus vidas. Sus biografías y, en ocasiones, trágicos destinos forman parte de una exposición que de forma paralela a los Juegos Macabeos se expone en los salones de la estación central de trenes de Berlín.

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El que los deportistas judíos, herederos de aquellos que perdieron sus sueños y muchos también su vida,  puedan competir ahora pacíficamente en Berlín, es una muestra de como el deporte busca sanar heridas y acercar aún más a personas y pueblos.

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