El Real Madrid no encuentra el buen camino

La goleada que le propinó el Barcelona al Real Madrid por 4-0 el fin de semana fue una nueva herida sobre la llaga del club blanco que ante su afición en la capital española debió soportar una nueva humillación de su archirrival. Más allá del resultado deportivo, el equipo del entrenador Rafa Benítez padeció de un problema filosófico y estructural que parte de los criterios que impone el presidente Florentino Pérez.

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En los últimos 10 años Florentino Pérez, al decir de los comentaristas deportivos españoles, ha estado más interesado en promover la venta de camisetas y otra parafernalia del club que en lograr verdaderos resultados para un equipo que aún es, pese a su falta de muchos títulos recientes, el más laureado del mundo y con una tradición victoriosa basada en un fútbol elegante, con personalidad y efectividad.

La afición merengue se ha dado cuenta de qué pierna cojea Florentino Pérez al tal extremo que pidió a gritos su dimisión y le lanzó una pañolada blanca en el estadio Santiago Bernabéu, forma que usa la afición en ese país para mostrar su inconformidad y desacuerdo en los espectáculos públicos, desde las corridas de toros hasta el fútbol.

Los números muestran que en estos últimos diez años, el Barcelona ganó 23 títulos, incluidos cuatro Champions League o Copa de Europa y seis ligas de España por solo una Copa de Europa y tres ligas de sus rivales madridistas. En los últimos cinco años el Barcelona ha ganado diez veces con siete derrotas y seis empates ante el Real Madrid, pero le ha aplicado un par de sonadas goleadas por 5-0 y 4-0. Y eso lo sufre mucho la afición merengue, debido a la gran rivalidad que existe entre los dos equipos.

Florentino Pérez ha hecho en este tiempo fichajes poco efectivos. Pagó más de 130 millones de dólares por el atacante galés Gareth Bale, quien entre lesiones y falta de acople poco ha podido aportar al equipo. Desembolsó 50 millones de dólares por el español Asier Illarramendi, un mediocampista defensivo, que finalmente abandó el club pues apenas jugaba y otro tanto ocurrió con el astro turco Nuri Sahin, a quien tras pagarle $25 millones para que reforzara el equipo, apenas jugaba y también terminó marchándose. Y hay otros casos.

Lo más significativo es que ha traído a nueve diferentes entrenadores en diez años y ninguno ha podido aplicar una filosofía y una ideología que controle a sus estrellas, que haga funcionar a los hombres como un equipo unido capaz de mostrar un fútbol alegre y efectivo.

Y es que un astro como el portugués Cristiano Ronaldo, un gran goleador sin dudas, tiene un desempeño muy irregular en ocasiones y tiene fama de que en los grandes partidos desaparece y no es capaz de ponerle agallas para hacer que su personalidad se imponga y llevar adelante a sus compañeros.

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Se sabe que para un entrenador es difícil controlar los egos de sus supermillonarias estrellas, pero tampoco es imposible, como afirmó el fin de semana el entrenador argentino del Atlético de Madrid, Diego Simeone, quien elogió la buena sintonía entre el brasileño Neymar, el argentino Lionel Messi y el uruguayo Luis Suárez, tres estrellas del máximo nivel que muestran su humildad, su juego colectivo y falta de egoísmo para lograr que su equipo Barcelona funcione al mejor nivel.

Florentino Pérez ha creído que con un talonario en la mano se puede hacer un buen equipo de fútbol y la práctica demuestra que en este mundo hay muchos equipos de fútbol y de otros deportes que sin tener grandes nóminas hacen papeles más que decorosos y hasta victoriosos debido a la entrega de su jugadores.

Florentino Pérez despidió en 2003, por razones que nadie comprendió, a un veterano entrenador del club, Vicente del Bosque, quien en cuatro años en el banquillo blanco ganó siete títulos, incluidas dos Copas de Europa y dos ligas. Allí comenzó el declive del club blanco y el desfile interminable de entrenadores. Del Bosque tras salir del Real Madrid se hizo cargo de la selección española con la que ganó un Mundial, que su país nunca antes pudo ganar, además de levantar también el trofeo de la última Eurocopa.

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La venta de camisetas es una buena forma de financiar los equipos deportivos, pero a la larga si el club no tiene éxitos recientes, el aficionado dejará de ilusionarse y dejará de comprarlas. El Real Madrid, como lo demostró el sábado, no tiene personalidad, no tiene entrega y parece perdido marchando por un camino que no sabe a donde conduce.

¿Y tú que opinas?

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Gráfico: R. Lahera
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