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El mundo llora lágrimas color púrpura; Prince ha muerto

LONDON - AUGUST 15: The artist formerly known as Prince arrives at the The Bourne Ultimatum UK film premiere at the Odeon Leicester Square on August 15, 2007 in London, England. (Photo by MJ Kim/Getty Images)



Tocaba la guitarra eléctrica como un dios del rock’n’roll. También componía baladas en el piano, cantaba y bailaba con frenesí, creando espectáculos en vivo que fueron de lo mejor de la música popular en los últimos 100 años. Grababa desaforadamente, editando solo una fracción de sus canciones terminadas. Hace ya décadas que se habla de un sótano en su mansión de Minneapolis, una cueva de Aladino repleta hasta el techo de miles de canciones. Prince, que murió el 21 de abril a los 57 años, fue un ícono musical de talento prodigioso –casi sobrenatural en su virtuosismo– pionero de una síntesis sonora en la cual formatos afro como el funk, soul y R&B se encuentran con el pop, rock, new wave y psicodelia. Influenciado por artistas trascendentales como James Brown y Joni Mitchell, siempre se sintió más a gusto rodeado de mujeres que de hombres.

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Su mayor éxito comercial fue el disco Purple Rain allá por 1984, acompañado por la película del mismo nombre. Era un sonido nuevo, contestatario, y el cantante le agregó leña al fuego con sus constantes provocaciones en el territorio de la sensualidad. Sus videos musicales dieron que hablar, siempre. La década del 80 fue quizás su mejor época, y terminó con la banda sonora de Batman, la película de Tim Burton. Pero Prince comenzó los 90 a todo vapor con una nueva banda –The New Power Generation– que incluía raperos, instrumentos de vientos y una cantante con claras influencias de música gospel. Una disputa financiera con Warner Brothers lo impulsó a cambiar su nombre y adoptar un símbolo como apodo artístico. Siguió lanzando nuevo material hasta el año pasado, y su último gran éxito fue el compacto Musicology en 2004.

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Tuve la buena fortuna de ver a Prince en concierto allá por 1993, cuando había lanzado el disco conocido en inglés como The Love Symbol Album. Interpretó el LP en su totalidad durante un set afiebrado de casi hora y media de duración. Se despidió del público, los músicos vaciaron el escenario y se prendieron las luces. Parecía que la noche había terminado y algunos de los espectadores empezaron a abandonar el anfiteatro. La gran mayoría nos quedamos en nuestros asientos, soñando con más. Unos 15 minutos después, la banda regresó y Prince pasó más de una hora interpretando todos sus éxitos del pasado. Le encantaba jugar con las expectativas de sus admiradores, perfeccionando sus conciertos año tras año, sin descanso.

Deja detrás suyo un vacío inimaginable, mitigado por la fecundidad de su obra. Otros artistas solo pueden soñar con un legado de semejante tamaño y complejidad.

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Foto: MJ Kim/Getty Images

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