antibioticos

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Se nos fue el apetito. Comenzamos a sentirnos con el "cuerpo cortado" o "indispuestos". Nos sube la temperatura. Sentimos frío cuando hace calor. Todos estos son avisos de que posiblemente nos vamos a enfermar. Cuando esto sucede cerca del fin de semana de la fiesta de un amigo, o del cumpleaños del nieto, esto resulta inadmisible. Hay que hacer cualquier cosa para parar la enfermedad. Vamos inmediatamente al botiquín en busca de un antibiótico. Caemos en el autodiagnóstico. Si nos pica la garganta es infección y si hay fiebre es infección también. Así que pensamos, nada mejor que un antibiótico. Y así, sin más ni más, si existe algún pote con antibióticos, como por ejemplo la ampicilina, nos la tomamos y seguimos andando. Esta conducta generalizada es un grave error no solo para la salud individual sino para la salud colectiva, ya que se ha probado que la administración equívoca de antibióticos ha promovido el desarrollo de microorganismos más resistentes a medicamentos y más difíciles de batallar desde la medicina.
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