Tira cómica de una mujer cuarentona.
En la última publicación, Segunda y yo continuamos tratando de ver cómo manejar las "montañas" y los "granos de arena" de las citas románticas. Finalmente, decidí­ salir de mi "cascarón" y llamar al alemán, "Sr. Pulcritud", el pretendiente que se destacó por su recia hermosura y su espí­ritu aventurero. No tan solo contestó mi llamada, sino que, para cuando colgué el teléfono, habí­a aceptado... ir a la montaña.
Tira cómica de una mujer cuarentona.
¿Se atraen verdaderamente los polos opuestos?
Segunda a la mesa, comiendo tapas.
Nuevo plan concebido.
Segunda en una cita cenando tacos
Segunda contó los votos de los lectores y, luego de consultar a su mejor amigo y gurú de relaciones, Dante, aceptó el consejo de la mayorí­a y salió con el arquitecto cubano. El anzuelo del padre de tres niñas - tacos de pescado estilo Baja- superó sus expectativas.
Segunda busca asesoramiento
Luego de una cita que no llegó a nada con el volátil tecno geek, Segunda pidió refuerzos llamando a sus amigos para que la ayuden a decidir quién será el próximo pretendiente con quien seguir el Juego de las citas. ¿El arquitecto cubano alto? ¿El alemán "Mr. Clean"? Resulta que el arquitecto es un adicto a la buena comida y tiene tres niñas pequeñas. ¿Qué tendrá más peso, su invitación a comer los mejores tacos de pescado estilo Baja del mundo o la preocupación de Segunda de que ambos se encuentran en distintas etapas de la vida? Segunda supo que el alemán "Mr. Clean" es triatlonista, un perfecto caballero y padre de tres hijos adultos. ¿Deberí­a Segunda rendirse a su sonrisa ganadora y a la promesa de una cita romántica?
Segunda en su encuentro con su primer pretendiente.
Quizá fue el zumbido de la turbina del avión lo que llevó a Segunda -quien, al igual que a mí­, le encanta viajar- a elegir para su primera cita a un estadounidense de la alta sociedad fanático de la tecnologí­a.
Segunda escogiendo a sus pretendientes
Una vez que se aquietan las aguas después de que llega a su fin un matrimonio de 20 años, surge la pregunta: ¿Y ahora qué?
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