Las enfermedades del ojo del diabético son un asunto serio

Mi esposo Manuel siempre ha hecho lo posible por manejar de la mejor manera su condición de diabetes tipo 1, que padece desde que era un niño. Sin embargo, dicen que la diabetes es una condición crónica muy traicionera, que va erosionando poquito a poquito, perniciosamente, el cuerpo de maneras a veces insospechadas. Y luego vienen las crisis como las enfermedades del ojo del diabético.

Fotos: 6 maneras de vencer y prevenir la diabetes.

Recuerdo como si fuera hoy el día en que le hice a Manuel una visita a su oficina y me llamó la atención lo cerca que estaba su cabeza del monitor de su computadora. Yo sabía que desde pequeño había sufrido problemas comunes de la vista, pero que tuviera tanta dificultad para leer con todo y sus lentes sin duda era señal de algo peor. Decidimos ir a consultar a su oftalmólogo retinólogo, especialista en ojo diabético en West Palm Beach y las noticias que recibimos nos cayeron como un balde de agua helada: Manuel tenía retinopatías diabéticas muy avanzadas con desprendimiento de retinas en ambos ojos, que había que operar esa misma tarde o se iba a quedar ciego.

Me atrevo a asegurar que ha sido uno de los peores días de mi vida. No me puedo imaginar lo que significó para mi esposo escuchar esa sentencia.

Y es que según datos de los Institutos Nacionales de la Salud y su Instituto Nacional del Ojo (NIH y NEI, respectivamente por sus siglas en inglés) aproximadamente 1.2 millones de hispanos diabéticos tienen retinopatías, siendo esta complicación una de las enfermedades con más incidencia en la comunidad de diabéticos tipo 1 y tipo 2. Considerando también la mayor vulnerabilidad de nuestra comunidad hispana a padecer de diabetes, esta cifra aproximada puede alcanzar los 2.9 millones de personas afectadas con enfermedades del ojo diabético para el año 2030. En contraste, según una encuesta del Alliance for Eye and Vision Research, solo un 27% de los hispanos diabéticos reportan saber lo que es la enfermedad diabética del ojo. ¿Cuánto sabes tú sobre la enfermedad diabética del ojo? debes preguntarte.

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A mí me parece que lo más triste del caso es que muchos diabéticos en riesgo de desarrollar retinopatías, cataratas y glaucoma, parecen no darle la importancia a la gravedad que conlleva perder la vista o se dejan llevar por la ausencia de síntomas severos que les indiquen lo crucial que es abordar la salud visual como parte rutinaria de su manejo de la diabetes.

“Yo confieso que en realidad estuve viendo unos flotadores durante un par de semanas y no dije nada”, recordó Manuel hace unos días, sobre esas manchas adentro del ojo que parecen flotar, que ven los pacientes de retinopatías. Esas manchitas flotantes son esencialmente depósitos de líquidos o hemorrágias de los vasos sanguíneos microscópicos de la retina, que llegan a pesar y a causar su desprendimiento. “Mi mejor consejo como diabético es que jamás se pueden ignorar los flotadores, hay que ir al médico tan pronto uno los vea, porque de ahí al acontecimiento de una crisis hay poco tiempo”.

Al fin y al cabo, Manuel pudo recuperar la vista de su ojo izquierdo luego de dos vitrectomías y muchísimas sesiones de terapia de láser ocular. La visión de su ojo derecho la perdió irremediablemente, en parte debido a una mala cirugía con otro doctor. Los ajustes a nuestra vida cotidiana y la angustia que él —y yo como su esposa— hemos tenido que superar no la puedo explicar con palabras. Pero bueno, seguimos adelante con una perspectiva positiva y agradecidos de que Manuel pudo recibir un excelente cuidado médico justo cuando más lo necesitó. Y pueden estar seguros que vamos juntos a sus citas de oftalmología preventiva por lo menos tres veces al año.

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Para las enfermedades del ojo diabético no hay mejor estrategia que la prevención. Pero una prevención disciplinada, sistemática y periódica. La recomendación de The American Academy of Ophthalmology (en inglés) es que el paciente diabético debe poner en su agenda anualmente sus exámenes de la vista con especialistas en retinas, cataratas y glaucoma que incluyan la dilatación de las pupilas. Créanme que perder la vista cambia la vida por completo y no es un juego. Se los digo yo que lo he vivido en carne propia con mi esposo y mi familia.

¡A cuidarse!

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Foto cortesía del Instituto Nacional del Ojo

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