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Adultos mayores en América Latina: ni tan solos ni tan abandonados

Después de décadas en que la imagen de los mayores de 65 años en América Latina era de desamparo y carencia de ayuda social, un reciente estudio señala una sustancial mejora en su situación.

Jubilados America Latina

El cambio es aún más notable considerando que con el aumento en la longevidad de la población -de una expectativa de vida de 52 años en 1950 a 74 en 2010- la proporción de adultos mayores en la población es mayor que nunca.

En esas circunstancias, tradicionalmente la gente de mayor edad en América Latina debí­a contentarse con la ayuda de sus familias, los ahorros que algunos lograron acumular durante su vida productiva, o los enví­os de remesas por parte de allegados desde "el Norte", Estados Unidos.

S egún el documento de 500 páginas del Banco Mundial, en la última década se han incorporado a los sistemas previsionales del subcontinente 12 millones de nuevos miembros, gracias a una serie de reformas estructurales.

Contrariamente al pasado, dice el estudio, los gobiernos han confrontado de manera directa el problema, creando nuevos programas para quienes nunca recibieron ayuda del gobierno y facilitando la participación en los programas ya existentes.

¿De qué manera se aseguró un mejor presente para los mayores de 65?

No hay un solo modelo, sino al menos tres.

Por ejemplo, Bolivia, uno de los paí­ses más pobres del mundo, y Trinidad y Tobago, proporcionan ahora "una pensión social a la totalidad de los adultos mayores". Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, México, Paraguay y el Perú se enfocan en los más vulnerables, mientras que Argentina, Brasil, Chile, Panamá y Uruguay lanzaron nuevos programas para captar a los hasta ahora excluidos del sistema de ayuda social. En Argentina, los empleadores aportan a la seguridad social 16% y los empleados 11%.

De hecho, todas las naciones "de la región están en un camino de inclusión", como afirmó Rafael Rofman, uno de los autores del documento del Banco Mundial.

El estudio señala una combinación de "mejorí­a en la situación fiscal de la mayorí­a de los paí­ses de la región" y "la presión social demandando polí­ticas de protección social más activas". Es decir, a la participación de la gente en  su propio destino.

En definitiva, algunos paí­ses son más generosos que otros. Argentina, Costa Rica y Uruguay pagan a sus jubilados cuatro veces la lí­nea de pobreza, mientras que México, Colombia o Ecuador contribuyen solamente la mitad de ese valor.

Y las diferencias entre paí­ses más y menos avanzados persisten. En Honduras, El Salvador o Nicaragua, menos del 20% de los mayores de 65 reciben un beneficio. En Chile, Argentina o Bolivia son 83% o más. Pero el cuadro general indica mejorí­a.

El Banco Mundial, por su parte, apoya con asesoramiento, préstamos y apoyo técnico la aplicación de algunos de estos planes, como por ejemplo el plan "Pensión 65" que suministra fondos a 250,000 adultos mayores sumidos en la pobreza en Perú. En otros casos, como en un crédito de $600 millones a Colombia, la ayuda financiera es general y sólo una parte se enfoca en planes para mayores de 65.

Finalmente, detrás de los números secos y el estilo académico se asoman los rostros de estos millones de beneficiados que pese a los problemas, perciben la esperanza que, al fin, la sociedad los retribuya por toda una vida de dedicación y trabajo.

Foto: Ivan Mlinaric / Flickr.

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